viernes, 1 de enero de 2016




MENSAJE DE FIN DE AÑO
Han pasado treinta años desde que iniciamos nuestro seminario Procesos de vida, al cabo de los cuales se ha cerrado un ciclo. La intención del Proceso como lo llamamos siempre, fue la de impartir un conocimiento que en ese momento se hacía necesario para todos nosotros y tengo la certeza que con mayor necesidad para quienes impartimos las enseñanzas que nos fueron dadas en aquella época.
La experiencia fue muy significativa y profunda por el sentido que le aportó a nuestra existencia, ya que el mejor aprendizaje se realiza cuando trasmitimos lo que sabemos y lo que hemos ido descubriendo. Aprendimos muchas cosas de quienes periódicamente decidieron acompañarnos cada seis meses y aprendimos también muchas otras de nosotros mismos.
Actualmente el conocimiento como tal se puede hallar en cualquier parte, está en todos lados y la gran difusión propiciada por los medios masivos de comunicación con la web incluida mantiene a los buscadores debidamente informados. Así que el seminario tal como fue concebido ha cumplido con su cometido.
Nos sentimos satisfechos por lo realizado y contentos de haber podido reunir a tantas personas a nuestro alrededor y quizás de haber podido propiciar en algunas de ellas un cambio de sentido en sus existencias.
Nos queda tan solo dar las gracias a quienes generosamente nos acompañaron de cerca y en la distancia y animarlos a que continúen más que en una búsqueda, en la práctica constante de aquello que aprendieron. Que no se olviden de lo que esencialmente es importante y que recuerden de manera permanente a quien les da la vida y la oportunidad de experimentar en este plano de la existencia.
Vienen a mí en este instante las imágenes y las palabras de una hermosa película animada que veíamos en los primeros procesos, Martín el zapatero, basada en un cuento del escritor ruso León Tolstoi titulado Donde hay amor esta Dios. En algún momento de la historia Martín sintiéndose viejo y cansado se sume en la amargura y siente que la vida ha sido muy dura con él y declara que ya no quiere vivir, que nada tiene sentido. Un clérigo que acierta a pasar por su taller en ese momento, notando la desesperanza en la que se ha sumido Martin que se pregunta por qué más se vive si lo ha perdido todo; le contesta, por Dios Martin, Él le dio la vida. Usted debe vivir para Él.
Así que nunca nos olvidemos de honrar a quién todo nos lo ha dado y bendigamos cada día como si fuera el mejor regalo que hemos recibido, ya que gracias a esa experiencia diaria es que tenemos la oportunidad de crecer y ser mejores seres humanos.
Un gran abrazo a todos y todas.


GONZALO Y MARTHA LUCIA

Diciembre de 2015

1 comentario:

AUGUSTO dijo...

UN SALUDO MUY FRATERNO GONZALO Y MARTHA Y GRACIAS POOR ESTAS PALABRAS , LOS SALUDA UN VIEJO AMIGO AUGUSTO MOSQUERA, ME GUSTARIA SABER CUANDO Y EN DONDE INCIAN EL OTRO PROCESO GRACIAS .., UN ABRAZO