martes, 24 de febrero de 2009

DEBEMOS PARTIR DE DONDE ESTAMOS

DEBEMOS PARTIR DE DONDE ESTAMOS

Hace poco encontré un pequeño y exquisito poema titulado “Song at Twilight” (Canción al Anochecer), solamente de tres versos, y citaré aquí el primero de ellos:

Debemos seguir a partir de aquí.
El tiempo no tiene retorno.
Lleva lo que hemos aprendido,
que desaprender no podremos.
El puente que dejamos atrás,
no existe.

En todos los momentos de la vida, ese primer verso siempre es cierto. Tenemos que partir justamente de donde estamos. Puede que hayamos estado vagando por el camino, o que hayamos tomado alguna curva dudosa. En cualquier caso, nada podemos hacer salvo comenzar donde estamos.

Conozco a personas que posponen el comienzo de esa gran empresa que es avanzar por el Sendero, diciendo que esperarán a ser mayores o más sabios. Pero tan pronto el primer vislumbre de que hay un sendero de retorno al hogar viene a nuestras almas, ese es el momento de empezar a recorrerlo. A veces decimos que no somos aún suficientemente buenos, o que no somos lo suficientemente puros, o que no estamos lo suficientemente preparados, cuando en realidad no podemos empezar a hollar el Sendero salvo donde mismo estamos. No podemos comenzar una empresa tan grande como ésta, si no es de la forma en que somos. Hay una adorable stanza de la antigua India, que dice:

Puro o impuro,
cualquier puede ser,
meditando en lo Puro
llegaré a ser puro.

Nosotros sólo podemos comenzar como somos, y tenemos que partir de donde estamos.
Algunos pensarán que son demasiado viejos porque la vida ya casi se les ha ido. ¡Qué idea tan errónea! En la vida del Espíritu no hay edad, espacio, ni tiempo, de la forma en que nosotros entendemos estos conceptos. Hay una gran verdad en la vieja historia del ladrón en la cruz, que en el momento de la muerte entró al paraíso con el Señor. Su último pensamiento le dio una nueva dirección a su alma antes de abandonar su cuerpo.

Los últimos años en la vida de una persona, incluso los últimos meses, pueden darle una nueva dirección a su vida, y comenzar un nuevo camino que le lleve más allá de los confines de la muerte, conduciéndole hasta la próxima encarnación. Los pensamientos de todas las personas mayores deberían volverse hacia el cielo. Por desgracia, sus pensamientos con frecuencia se dirigen hacia atrás, reviviendo los hechos acontecidos en esa vida que transcurrió rápidamente. Los recuerdos están estrechamente relacionados con el pasado. Eso está bien y es bueno si los recuerdos están llenos de amor, compasión, alegría, amistad, o belleza. Pero también tenemos que mirar hacia el futuro. Las glorias del cielo que vienen.

En el momento de la muerte, el alma desciende para revisar la vida pasada y comprenderla. Debemos llevar el dorado hilo de Ariadna con nosotros a través de las puertas de la muerte, el hilo de una dorada esperanza, de una nueva resolución, aunque esto sea apenas un comienzo.

Y así debe ser también con todos los problemas de la vida. Aunque pensemos que no estamos
bien equipados para la empresa, el Tiempo no esperará a que nosotros encontremos sabiduría, ayuda o decisión.

No importa lo que seamos, ni el punto en que nos encontremos, tenemos que partir de donde
estamos. Entonces podremos seguir aceptando valientemente los resultados que curarán nuestra falta de sabiduría o de capacidad, teniendo siempre una enorme fe y confianza; una confianza en la vida, que es Dios en acción, y una fe en la belleza, que es finalmente la eterna conquistadora. El hilo de oro, nuestro propio Sutratma, una y otra vez nos llevará de retorno a nuestro Ser divino, y un día ese hilo dorado nos sacará de la oscuridad de esta caverna para llevarnos al fulgor de la luz eterna.

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